¿Quién te dijo
alguna vez que las
manos se
mojaban con
el llanto del olvido
y las medusas se
olfateaban en
la vetusta lágrima
de diademas marinas?
Una vez conseguí
nadar más allá del horizonte
y las penas me cortaron en
dos trozos iguales
que se unían con
el sol,
las marmitas de esas
rucas escritas en
desbordantes noches de
pretextos absolutos
se cobijaban en
quimeras de amoríos
inconclusos.
(Suprimase el tiempo
mientras ralean los
segundos de la peste
negra,
suprimase el alma con
el acontecimiento mas duro
del momento)
No comprenderé las caricias
del amante
que zurca el mar
mientras su esposa
se acuesta con otro,
ni las mentiras hostiles
de los curas
cuando sin trepidar
mueven sus manos
en cuerpos absolutos.
Olvidaré para no
recordar llantos azules,
lloraré para no
reír canciones de silencio,
callaré para no
contar vidas declamadas
en poemas de dolor.
Se cae el día con tu
chorrito de
sangre, amigo,
se pudre el día
cuando tus manos
amortiguan mis
sonrisas.
Y aún así, después
de las trágicas
fiestas de
muerte
vamos quedando
vamos callendo
vamos muriendo
como el pez en un
acuario de jolgorioso cristal.
sábado, febrero 06, 2010
Tiempo (Mañana)
Me sorprendí a las
orillas de algún
efigenio río
con serpientes en los
ojos,
brotaba desde la
inmensa cordillera
de los Andes con
las manitos agarrotadas,
el río me miraba desde una
profundida acuosa
de calculos indeseados,
con su postrero dolor de
animal sosegado.
Las madreselvas
mortíferas
arañaban el alma con
su último olor a
húmedo paraíso,
las manos corroídas
de la misericordia -
llenas de hongos-
fueron tomando
amoríos de unos árboles
ulteriores que
sangraban todos
los días domingo en
la tarde.
Hacía frío en el
corazón opacado
de una amarga maniobra
sentimental,
y los vahídos de
los animales muertos
circulaban alrededor
de la trepidante
adormídera de
papel crepè
con las manos
siempre en alto.
Había que crecer tanto
para huír de
la suave llovizna.
orillas de algún
efigenio río
con serpientes en los
ojos,
brotaba desde la
inmensa cordillera
de los Andes con
las manitos agarrotadas,
el río me miraba desde una
profundida acuosa
de calculos indeseados,
con su postrero dolor de
animal sosegado.
Las madreselvas
mortíferas
arañaban el alma con
su último olor a
húmedo paraíso,
las manos corroídas
de la misericordia -
llenas de hongos-
fueron tomando
amoríos de unos árboles
ulteriores que
sangraban todos
los días domingo en
la tarde.
Hacía frío en el
corazón opacado
de una amarga maniobra
sentimental,
y los vahídos de
los animales muertos
circulaban alrededor
de la trepidante
adormídera de
papel crepè
con las manos
siempre en alto.
Había que crecer tanto
para huír de
la suave llovizna.
Tiempo (Rastros en el camino)
Palabrería de las
muertas que se vuelcan
en harapos
y aturden con
su olor a trementina.
Esas cuestiones que
dicen las putas
antes de ser
asesinadas por el
nuevo alter ego de
Jack el Destripador.
Vapuleos,
conocimientos que se
pierden en medio
de la niebla,
y la sangre que nos cubre de
amoríos, calenturas, placeres
y descuidos nos va
embarazando del
violador de turno.
Esas manchitas que se
escurren de sus febriles
senos de mujer
angulada,
las manchitas que
expele tu boquita
cuando el nudo golpea
como un látigo
primigenio
al elixir de la existencia.
muertas que se vuelcan
en harapos
y aturden con
su olor a trementina.
Esas cuestiones que
dicen las putas
antes de ser
asesinadas por el
nuevo alter ego de
Jack el Destripador.
Vapuleos,
conocimientos que se
pierden en medio
de la niebla,
y la sangre que nos cubre de
amoríos, calenturas, placeres
y descuidos nos va
embarazando del
violador de turno.
Esas manchitas que se
escurren de sus febriles
senos de mujer
angulada,
las manchitas que
expele tu boquita
cuando el nudo golpea
como un látigo
primigenio
al elixir de la existencia.
viernes, enero 15, 2010
Escenas (Año nuevo)
Las manitos en el
bolsillo del pantalón,
la sonrisa de papel
desdibujada en el
mundo que no tiene
espacio para
nadie más.
¿Para qué matar humanos
y crear nuevos espacios
si pueden regarme a
mi y hacer crecer
nuevas rosas arrugadas?
Las manitos en el
pantalón, sellando un
universo plagado de frío.
(Estoy aquí, estuve
allá, estaré en otro
sitio en que no podré
vivir ni un segundo)
Me partiré como la
sierpe de cartón
que mira las estrellas
carmesí que se
tuercen en el
sigilo, murmuraré
palabras que nadie jamás escuchará
de mi lángidos labios
viperinos,
seré la aorta que
subsume al corazón
a un mundo indeciso,
seré el río que
moja el silencio
de apagones desteñidos,
no lloraré,
(abrazaré al olvido)
no sentiré,
(murmuraré
emociones en el aire
como cuchillas de goma)
no vivirás,
serás la gota de
jugo de limón que
recorre mis heridas.
Y el frutero goteará de
migas insensibles
el color de tu piel.
bolsillo del pantalón,
la sonrisa de papel
desdibujada en el
mundo que no tiene
espacio para
nadie más.
¿Para qué matar humanos
y crear nuevos espacios
si pueden regarme a
mi y hacer crecer
nuevas rosas arrugadas?
Las manitos en el
pantalón, sellando un
universo plagado de frío.
(Estoy aquí, estuve
allá, estaré en otro
sitio en que no podré
vivir ni un segundo)
Me partiré como la
sierpe de cartón
que mira las estrellas
carmesí que se
tuercen en el
sigilo, murmuraré
palabras que nadie jamás escuchará
de mi lángidos labios
viperinos,
seré la aorta que
subsume al corazón
a un mundo indeciso,
seré el río que
moja el silencio
de apagones desteñidos,
no lloraré,
(abrazaré al olvido)
no sentiré,
(murmuraré
emociones en el aire
como cuchillas de goma)
no vivirás,
serás la gota de
jugo de limón que
recorre mis heridas.
Y el frutero goteará de
migas insensibles
el color de tu piel.
Escenas (Desnudez)
Mi alma se amarra de palabras
abstractas y confusas,
hay olvido,
y el doble de recuerdos
acalorados que me
chillan en suspiros
multicolores.
(Generalmente uso las manos
para hablar y la
condecendencia como medio
de evolución teórica)
El campo en el verano huele
a flores podridas, a
madreselvas al rededor
del cuerpo humedecido
por las lángidas mañanas,
huele a sopa de
verduras,
a carne chamuscada,
a sol confuso.
En el invierno huele a
conservas de frutos
del pasado, a papel
y plástico sobre el jardín,
a mujeres asexuadas,
(creo que a hombres)
Un par de paredes, una
gota de rocio del
verano pasado,
a gemidos huele el
sol caucásico del
horizonte acaramelado.
Me bastan aún tus manos
para acariciar la pelvis
de la temporal
mansedumbre de mi amor.
abstractas y confusas,
hay olvido,
y el doble de recuerdos
acalorados que me
chillan en suspiros
multicolores.
(Generalmente uso las manos
para hablar y la
condecendencia como medio
de evolución teórica)
El campo en el verano huele
a flores podridas, a
madreselvas al rededor
del cuerpo humedecido
por las lángidas mañanas,
huele a sopa de
verduras,
a carne chamuscada,
a sol confuso.
En el invierno huele a
conservas de frutos
del pasado, a papel
y plástico sobre el jardín,
a mujeres asexuadas,
(creo que a hombres)
Un par de paredes, una
gota de rocio del
verano pasado,
a gemidos huele el
sol caucásico del
horizonte acaramelado.
Me bastan aún tus manos
para acariciar la pelvis
de la temporal
mansedumbre de mi amor.
Escenas (Pretexto para dormir)
Al cerrar los ojos en
la montaña rusa de
la desesperación
quiero morir,
al caminar por
los fríos sordidos
de la implacable
lujuria
quiero caer,
la mansedumbre de
los colmillos
que desangran mi
pecho enjuto de raíces
omnívoras quiere
morir y decaer
en amargas canciones
de anís desnudo,
yo no me imagino
que se siente dejar
a un lado la
limosna de la
existencia,
no se que se siente respirar
en caídas de oxígeno
luminiscente, no
me imagino el sabor
de la implacable muerte
en mis manos
acarameladas
y pegajosas
cuando trato de vivir.
A tiempo parcial sonrío
en la aspera maleza
de la sociedad,
a tiempo medio
vivo entre las
manos de la sudada
eternidad humana,
y las manos que se
quiebran de tristeza
son cambiadas cada
noche en el pabellón
de cirugías,
cada noche,
cada momento de
vida que se
entrecruza y
cae,
en la cama de cualquiera.
la montaña rusa de
la desesperación
quiero morir,
al caminar por
los fríos sordidos
de la implacable
lujuria
quiero caer,
la mansedumbre de
los colmillos
que desangran mi
pecho enjuto de raíces
omnívoras quiere
morir y decaer
en amargas canciones
de anís desnudo,
yo no me imagino
que se siente dejar
a un lado la
limosna de la
existencia,
no se que se siente respirar
en caídas de oxígeno
luminiscente, no
me imagino el sabor
de la implacable muerte
en mis manos
acarameladas
y pegajosas
cuando trato de vivir.
A tiempo parcial sonrío
en la aspera maleza
de la sociedad,
a tiempo medio
vivo entre las
manos de la sudada
eternidad humana,
y las manos que se
quiebran de tristeza
son cambiadas cada
noche en el pabellón
de cirugías,
cada noche,
cada momento de
vida que se
entrecruza y
cae,
en la cama de cualquiera.
Supresores temporales N° 1 (Eloísa)
Había una moto en el portón de en frente de mi casa. Mi mamá se quedó mirandola un rato y me preguntó: ¿te sentirías más grande si estuvieses en esa?
(Te va a dar pena, pero te diré la verdad... Para que no la busques más)
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